El Xoloitzcuintle

El Xoloitzcuintle en español o Xoloitzcuitli en Nahuatl  (abreviado Xolo) también conocido como perro sin pelo mexicano, es un perro antiguo, de unos 2,000 años de antigüedad. Su nombre se deriva del idioma náhuatl y significa perro arrugado, o perro Xolotl.

 Xolotl en las creencias aztecas era el hermano gemelo del dios Quetzalcoatl y él era el dios del rayo y el que ayudaba a los muertos en su viaje al Mictlán, el inframundo que, sin embargo, no albergaba a los guerreros que murieron en la batalla (estos se levantaron en forma de mariposas o colibíres) ni a mujeres muertas pues según sus creencias estas se transformaban en espíritus nocturnos por toda la eternidad.

Los que morían tenían que luchar durante cuatro años para llegar al Mictlán a través de 8 lugares distintos hasta llegar al noveno donde disfrutarían de un descanso eterno. El primer lugar fue el Iztcuintlán, atravesando por el gran rio Chicunamictlán, y la única forma de cruzarlo fue con al ayuda de Xólotl. Sin embargo, si el fallecido hubiera maltratado a los perros durante su vida, Xólotl no lo habría ayudado. Este dios con cabeza de perro también protegió al sol cuando descendió al inframundo por la noche. La leyenda dice que el dios Xolotl dio el perro a los hombres para ayudarlos, pero  no menciona al Xoloitzcuintli sino al perro de manera general.

Xolotl códice Telleriano-Remensis  Biblioteca de París, París Francia.

De hecho la leyenda explica que los perros indicados para este fin son solo los marrones. En la práctica, los muertos tenían que cruzar el rio pero no sabían cómo,  en la orilla había perros negros, blancos y marrones y que pudieron ayudarles aunque había ciertas condiciones; el perro negro (o sucio) dijo que no podría entrar al agua de lo contrario se habría lavado,  el blanco también se negó diciendo que el agua con lodo lo ensuciaría. Solo el perro marrón acordó ayudar a los hombres cargándolos sobre su espalda mientras nadaba. Por esta razón, cuando una persona moría, un cachorro marrón era sacrificado y colocado en el mismo entierro del fallecido.

En México había diferentes tipos de perros y de todos los colores, como el Techichi que era pequeño, andrajoso y silencioso, endémico de la población tolteca y que fue criado como parte de su alimentación, así como su descendiente, el  Chihuahua (hasta hace pocas décadas dos veces más pesado que los actuales).

 

Había al menos otros dos tipos de perros, uno de tamaño mediano pequeño, un poco jorobado es ese es el Itzcuintli o Mecacanese (con versión mítica y feroz llamada Itzcuintepotzotli) y otros con las patas cortas a saber el Tlalchichi.

 

Por supuesto también había Xoloitzcuintli,, considerando que  estos perros podrían ser sin pelo o con pelo como cualquier otro perro, respetando este estándar en nuestros días por lo que se considera al Xoloitzcuintli con pelo como de raza pura al igual que el que carece de pelo..

Los Aztecas creían que los perros tenían la capacidad de sanar a las personas de ciertas enfermedades lo que también creían otras poblaciones similares. Por ejemplo, cuando un niño enfermaba, le colocaban a  un cachorro recubierto de negro toda la noche, pasando el mal aire que  había golpeado al niño.  Se creía que los Xolos eran útiles contra el reumatismo y de hecho tener un perro cerca de la persona afectada le daba alivio y sobre todo calidez, por el simple hecho de que el hombre tiene una temperatura corporal de 36,6-36,7 grados centígrados mientras que los perros por casi 39 grados. Por supuesto, combinar nuestra piel desnuda o ligeramente cubierta con la piel de un perro con 2 grados Celsius extra, da una sensación inmediata de calor. Casi como tener una bolsa de agua caliente en contacto, excepto que nunca se enfría.

El primer europeo en ver perros sin pelo fue Cristóbal Colón en 1492 en el caribe. Colón se sorprendió al ver a estos perros sin pelo, a pesar de que los otros tenían pelo. Que estos perros sean extraños está fuera de toda duda, pero no son los únicos. Las razas o tipos de perros sin pelo existían en Perú, Paraguay, China, India, Turquía, y África, particularmente en Etiopía y el Congo.

Xolotl códice Fejervary-Mayer

Parece que los perros sin pelo eran de particular importancia, al menos por lo que publicó en 1579 el Fraile Bernardino de Sahagún en “La Historia de las cosas de la Nueva España; "Otros perros fueron llamados Xoloitzcuintli y no tenían pelo, por la noche los envolvieron en mantas para dormir. Estos perros no nacen así, pero cuando son pequeños los embarran con una resina llamada Óxitl (ungido a base de resina de pino) sus pelos caen así, dejando el cuerpo muy liso. Otros dicen que nacen así en los pueblos llamados Teotlixco y Tozilán."

Se desconoce dónde estaban esos dos pueblos, La historia de las cosas de la Nueva España también se llama Códice Florentino, ya que el texto original se encuentra en la Biblioteca Laurentian Medicea de Florencia.

Los españoles relataron que los perros eran casi siempre castrados mantenidos en pequeños recintos y alimentados con pastas de harina de maíz hasta la edad alrededor de un año. Luego eran sacrificados y comidos. Los libres también se alimentaban de sobras y residuos de cualquier tipo.

El sacerdote español Diego Durón escribió que en el momento de la conquista, cientos de perros estaban a la venta en el mercado de Acolman, cerca de las pirámides de Teotihuacán, en el centro de México. Por supuesto, los perros servían tanto para la guardia y como víctimas en sacrificios propicios.

Por ejemplo en Cozumel durante la ceremonia de Año Nuevo, los perros fueron sacrificados y desmembrados, en lugar de humanos.

Algunos especímenes fueron elegidos, fueron víctimas para ciertos eventos, como por ejemplo; perros con el manto o manchas del mismo color que el cacao, eran sacrificados porque suponía que esto favorecía a la cosecha relativa.

Representación en cerámica de un Xoloitzcuintle, Museo de Antropología e Historia, Ciudad de México

Como se mencionó anteriormente, los perros también fueron sacrificados y enterrados por los aztecas junto con los fallecidos para guiarlos hacia el más allá. En su historia de Tlaxcala (1585), Diego Muñoz de Camargo describe que los perros elegidos para ser sacrificados, se les hacía un ritual en su honor, para después matarlos con flechas, asfixiándolos o simplemente golpeándolos contra rocas. Evidentemente no había concepto del “mejor amigo del hombre”. Hay que decir que los aztecas sacrificaron cruelmente y mucho más a menudo a los hombres que a los perros, llegando incluso a  practicar el canibalismo.

Los conquistadores españoles en los siglos XVI en Mérida, Yucatán, describieron a los Tlachichi como a los Spaniel, y fueron criados junto con los Xoloitzcuintli o perros desnudos más grandes. Estos perros tuvieron un colapso numérico y finalmente se consideraron extintos como en el caso del Itzcuintli, mientras que otros continuaron viviendo en México en algunas aldeas, fuera de los contextos rurales pobres, eran prácticamente desconocidos. De hecho, durante el periodo colonial 1524-1821 las citas de Xoloitzcuintli casi desaparecieron, tal vez porque sobrevivieron solo en lugares remotos de la sierra de Colima, Michoacán y Guerrero.

Estos perros no solo dieron origen a otra raza similar, el Perro Sin Pelo Peruano puesto que también estaban muy extendidos en el Caribe (después de la conquista española de América Central y del Sur)  donde se utilizaban, entre otras cosas, como perros de pista para el hombre. Puede haber la probabilidad de que también hayan dado origen al perro crestado chino, aunque no hay evidencia histórica de que así haya sido.

Los británicos utilizaban a los Xolos para localizar a los piratas que estaban usando la Isla de Juventud como base para atacar barcos británicos en las Indias Occidentales. Este trabajo de los perros es poco conocido.

 

Se reporta en el libro Recollections of My Sea Life de 1808 a 1830, por John Harvey Boteler y publicado en 1883 por Diprose y Bateman he aquí un fragmento; “…el Capitán Graham dio una fiesta al pueblo y aseguró todas las canoas, con el fin de evitar la fuga de cualquiera de los villanos. Chadwik fue enviado a Cuba para recoger a los dos sabuesos (Xolos) y traerlos a la fiesta; eran de un color plomo sombrío, tenían la piel tan lisa como la piel humana, sin pelo, del tamaño del Spaniel común, pero con piernas más largas, no muy feas, con una mirada muy feroz” (página 116).

Aquí hay otros detalles del libro de Botoler (página 117) “…No fue hasta después de la muerte de diez o más (piratas, asesinados por soldados británicos) que más perros has sido adquiridos (…) Una noche, un marinero había ido a lavar una olla en un arroyo cercano se encontró con un hombre lavando el muñón herido de su brazo.

Representación de Xólotl (Cabeza) Museo Nacional de Antropología e Historia, Ciudad de México.

El hombre comenzó a correr, por lo que el marinero le disparó, pero falló, era tarde y estaba oscureciendo… los perros a la mañana siguiente fueron puestos en sus huellas e inmediatamente olfatearon los materiales de curación y siguieron su rastro en silencio. Después de un corto tiempo se les oyó ladrar y cuando el grupo llegó a donde estaban los perros, encontraron al hombre muerto y rígido, probablemente por las dificultades que se le hubieron presentado con la herida.

Es probable que el Xolo todavía existiera en esa época ya que en el siglo XIX los franceses  compraron pieles de esto animales para hacer correas, carteras  y otros objetos.

Considerando que la persecución evangelizadora hacia los indígenas para evitar que se siguieran haciendo rituales con los perros así como consumirlos, ocasionó que los perros tomaran camino hacia donde pudieran subsistir, emigrando hacia zonas no exploradas por los españoles, aunque esta huida los puso al borde de la extinción.

La Gran Tenochtitlan, Mural de Diego Rivera, Palacio Nacional, Ciudad de México

El Xolo fue reconocido por la American Kennel Club en 1887, pero el primer campeón fue declarado en 1940. La raza, sin embargo, no se asemejaba  mucho en el estándar canino, parecería que estos no eran verdaderos Xoloitzcuintle, sino una cruza con el perro Chihuahua.

En la década de 1950 se entendió que la extinción estaba a la vuelta de la esquina, tanto que en 1959 el American Kennel Club, la retiró del libro de las razas reconocidas. Decir que se habían vuelto muy raros habría sido errar en el lado del optimismo, ya que la situación era mucho peor, ya que se dio por extinto al Xoloitzcuintle, al Itzcuintle y al Tlalchichi.

En 1954 el coronel británico Norman Pelham Wright, entonces embajador británico en México organizó una expedición (seguidas de otras dos)  para la búsqueda del Itzcuintli, El Xoloitzcuintle y el Tlachichi a lo largo del río Balsas, que fluye 771 km hacia el centro sur de México en los estados de Puebla, Guerrero y Michoacán. La ruta fue trazada de acuerdo a los datos históricos a donde probablemente hubieran huido los pobladores que de cierta manera, eran perseguidos por seguir con sus tradiciones y ritos que incluían a estos perros como sacrificio de ofrenda o como alimento.

Con él estaba la experta en perro Chihuahua Hilary Harmar, la criadora canina, la arqueduquesa Félix de Austria, más conocida como la condesa Lascelle de Premio Real, quien inicio con los primeros registros del Xoloitcuintle en la entonces Asociación Canófila Mexicana, Katherine Walch y un equipo de otras autoridades canófilas mexicanas y británicas.

Coronel Norman P. Wright

Un dato curioso: Wright, como un buen militar capaz de “predecir y anticipar los movimientos del adversario”, estaba convencido de que los campesinos mexicanos desconfiaban de extraños, por lo que tuvo la idea de disfrazarse, en un intento de hacerse pasar por uno de ellos, con unos típicos pantalones y camisa de algodón blanco, Pero por supuesto, esa no era la mejor manera de no levantar sospechas, porque ciertamente no pasaba por un campesino. Sin embargo la población local lo llevó con simpatía, por lo que Wright logró obtener seis hembras y cuatro machos de estos perros y llevarlos a la Ciudad de México.

En la Ciudad de México instaló a los perros en el primer albergue canino a cargo de la Dra. Irene Joyce Blank Hamer, quien previamente ya había quedado de acuerdo con Wright para recibir a los perros, posiblemente sabiendo que no los encontraría, sin embargo cuando llegó Wright con los perros la emoción de la Dra. Blank era mucha, tener unos ejemplares que se habían dado por extintos y tener la fortuna de recibirlos fué indescriptible. La Dra. Blank se hizo cargo de el aseo, vacunación, desparasitación interna y externa, pues venían infestados de garrapatas, curó sus heridas propias de la vida silvestre y los mantuvo hasta que Whright los recogió. En su libro "El Maravilloso Mundo de la Clínica Veterinaria" hace este relato, también escribió el libro "Los Perros del México Antiguo" donde describe las primeras impresiones del Xoloitzcuintle. 

Condesa Lascelle de Premio Real 

En 1957, un miembro de la expedición, Hilari Harmar llevó a dos de los Xolos encontrados al Reino Unido y fueron posteriormente autorizados a llevar a cabo su cuarentena obligatoria de seis meses mientras estaban en exhibición en el zoológico de Londres, donde se convirtieron en una curiosidad pública. Después de la cuarentena, los perros y sus crías participaron en varios espectáculos caninos en la década de 1960.

 

Cuando la Unión Soviética lanzó en 1957el satélite Sputnik con un perro a bordo, los agricultores mexicanos inmediatamente pensaron en ese extraño individuo disfrazado en formas tan misteriosas y sintieron que Wright tenía algo que ver con el lanzamiento soviético y que un Xolo había sido enviado al espacio. Pero no fue así y se aclaró pues el programa de cría y rescate de la raza, incluía la prohibición de la exportación de hembras.

Wright concentro su atención en los 10 especímenes e hizo una exhibición a la que asistió la Asociación Canófila Mexicana. En 1956 México y luego la Federación Cinológica Internacional  el 06 de junio de 1961 reconoce a la raza como pura, pero la ruta era todavía larga, también porque los especímenes encontrados eran de diferente tamaño.

Treinta años pasaron antes de que se estableciera el estándar del perro, con la esperanza de recuperar la admisión del American Kennel Club.

Se seleccionaron dos tipos -pelaje y si pelo-y tres variedades de tamaño Estándar, miniatura y juguete, después de un proceso todavía largo, el reconocimiento oficial llegó en 2008.

 La cepa estándar mide 46-61 cm de altura y pesa 16-20 Kg (pero cin puntas de casi 30) la miniatura 33-46 cm y 9-11 kg y el juguete 23-36 y 5-8 kg. Xoloitzcuintle sin pelo puede tener un mechón en la parte superior de la cabeza o al final de la cola.

Xoloitzcuintle recuperado 

La piel es sin pelo, lisa y suave pero lo suficientemente fuerte como para proteger contra la intemperie. De hecho, se dice que la piel de estos perros tan similar a la de los hombres, atrajo a científicos militares durante la primera guerra mundial, hasta el punto de experimentar el efecto de los gases venenosos en ellos. Aquellos con pelo, por otro lado, lo tienen liso y corto y tienen una dentición completa. Obviamente los ejemplares sin pelo son penalizados en muchos aspectos (por ejemplo en posibles heridas, picaduras de mosquitos , etc.)

El Xoloitzcuintle no es adecuado para climas fríos o húmedos, e incluso con el sol abrasador debe estar protegido con cremas, especialmente aquellos con piel marrón y dorada.

 El 12 de agosto de 2016, el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera , declaró al Xolitzcuintle como “patrimonio cultural y símbolo” de la ciudad de México.

 

Al perro por lo general no le gusta el aceite o la crema (que también es frio cuando se le acaba de poner) y tiende a lamerlo, pero después de todo ¿Cuántos de nosotros usamos la crema y nos engrasamos las manos?

Alrededor del Xoloitzcuintle se cuentan muchas historias, mitos y leyendas por lo que es mejor no creer en tantos rumores sin sentido, como el completamente falso que el Xolo necesita de una dieta particular en comparación con otros perros o que son grises y casi debilitados. Si lo fueran, cuando anduvieron en la sierra mismos sobreviviendo durante los siglos del XVI al XX en aldeas remotas donde ciertamente no les importaba, todos hubieran muerto de diversas dificultades y causas, especialmente los ejemplares sin pelo, lo que no sucedió en absoluto.

La ausencia del vello en el Xoloitzcuintli se debe a la displasia ectodérmica dominante, es decir, a una alteración de piel hereditaria, que se manifestará siempre que esté presente. Durante el desarrollo embrionario de vertebrados, las células se organizan en tres capas; endodermo, mesodermo y ectodermo. A partir de esta última capa se forma la piel, los dientes, el esqueleto y el sistema nervioso.

En el caso de estos perros, una mutación interfiere con el desarrollo normal del ectodermo y causa, entre otras cosas, la falta de pelo y la dentición incompleta, de hecho los Xolos sin pelo tienen dientes más pequeños y a menudo carecen de premolares y a veces incluso caninos.

 

A nivel genético, la mutación ocurre cuando en la duplicación de ADN la célula interpreta un conjunto de siete bases de nitrógeno como una orden para dejar de leer la secuencia. Esto evita la formación de la proteína que contribuye al correcto desarrollo del ectodermo. Esta mutación se encuentra en el cromosoma 17 del genoma canis lupus familiaris en el gen FOXI3.

Reiteramos que el Xoloitzcuintli con pelo es también de raza aunque menos llamativo, y es necesario para la misma continuidad de la mutación sin pelo (que es natural y no producida por el hombre) Los criadores como el mencionado Norman P. Wrigt creían que el Xolo con pelo no eran puros por lo que solo emparejaban especímenes sin pelo. Pronto, sin embargo, se dieron cuenta de que estaban equivocados y aun así nacieron especímenes con pelo,

 

No solo eso, el Xolo existe porque el gen FOXI3 (el de la mutación) esta neutralizado por el gen Xolo con pelo, que no tiene esa anormalidad. Cuando el gen mutado no es neutralizado por uno normal, el ectodermo no se forma y  causa la muerte en el útero de la madre de una parte de la camada.

Otra prueba del efecto de la interferencia en el desarrollo del ectodermo es la ausencia de premolares y caninos; si los dos padres de un Xolo están desnudos, los cachorros solo tendrán incisivos y molares. Si uno de los padres es con pelo, los cachorros con pelo tendrán dientes más grades, caninos y uno o dos premolares. Los dientes serán un punto medio entre el de un perro sin pelo y el de un perro con pelo.

El Xolo es una raza inteligente, tiene una vida media entre 12-14 años y es cariñosa, sensible, rústica y también hace buena guardia, aunque solo cuando se trata de la advertencia de la llegada de extraños. Es muy atlético y, de hecho, con la selección cada vez más cuidadosa y una buena dieta, se ha vuelto muy diferente a los especímenes de la época prehispánica, obligados a la mera supervivencia de la dura vida campesina en las remotas áreas montañosas mexicanas.

El Xoloitzcuintle en el arte mexicano

En México los pintores Frida Kahlo y Diego Rivera, entre otros artistas plásticos, fueron unos verdaderos apasionados de los Xoloitzcuintles, y tuvieron varios de ellos en su casa, aunque el favorito de Frida era un macho llamado Sr. Xólotl.

 En las anotaciones que dejó Frida Kahlo se encontró una nota que decía:

“Esa mujer se llamaba Frida Kahlo. Ella me llamó en un dibujo: «El señor Xólotl, embajador de la República Universal de Xibalba Mictlán. Canciller y ministro plenipotenciario. »

Frida Kahlo en su obra “Autorretrato con mono y perro”, pinta al Sr. Xólotl y en murales de Diego Rivera como el que se encuentra en Palacio Nacional de la Ciudad de México, la presencia que hace del Xoloitzcuintle es muy importante pues determina que el perro ha sido parte esencial para el hombre.

 

Frida Kahlo con Sr. Xólotl

Autoretrato con mono y perro

«(…) Después de una vida de sufrimiento intenso vi llegar a Frida a las puertas del mundo subterráneo y me dispuse a recibirla con alegría, moviendo la cola, saltándole alrededor. ¡Hacía tanto que no la veía! Parecía insegura en este nuevo entorno pero mi compañía la distrajo y me siguió, radiante de alegría al verme, hasta el lugar que había reservado para pasar juntos la eternidad»

 

Extraído de los pensamientos del Sr. Xólolt (Publicado en la Revista Cane Canem Noviembre2019, Valencia, España.
Perro xoloitzcuintle compañero en vida y muerte de Frida Kahlo.

En el Museo Dolores Olmedo en Xochimilco, Ciudad de México, alberga a varios ejemplares de Xoloitzcuintle así como también una escultura en honor a esta raza.

En el Museo de Antropología e Historia en la Ciudad de México en la Sala Mexica, hay una maqueta que representa al Mercado de Tlatelolco en done podemos ver a un comerciante con sus perros para la venta.

Actualmente hay criaderos de perros Xoloitzcuintle que siguen conservando su pureza de raza.

 

Estatua de Xoloitzcuintle, Muséo Dolores Olmedo, Xochimilco, Ciudad de México

Fragmento de Maqueta "Mercado de Tlatelolco, Museo Nacional de Antropología e Historia, Ciudad de México 

El Enigma del Xoloitzcuintli autor Norman P. Wrihgt 1960 Biblioteca Nacional de México

El Maravilloso Mundo de la Medicina Veterinaria autor Irene Joyce Blank Hamer Fac. Veterinaria, UNAM

Los Perros del México Antigua  autor Irene Joyce Blank Hamer Fac. Veterinaria, UNAM

Códice Florentino Biblioteca Medicea Laurenziana

Códice Telleriano-Reménsi Biblioteca Nacional de París, París, Francia

Códice Fejérváry-Mayer Museo de Liverpool, Inglaterra, Reino Unido

Museo Nacional de antropología e Historia, Ciudad de México, México

Palacio Nacional Ciudad de México, México

Museo Dolores Olmedo, La Noria, Xochimilco, México

K9 Uomini e Cani, Cremona, Italia

Cave Canem Valencia, España

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